SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN CICLO B

La construcción de la Iglesia va tocando a su fin. Esta semana le hemos puesto el tejado. Comenzábamos a construir desde el envío: “como el Padre me ha enviado así os envío yo” y terminamos de nuevo con el envío. Al ponerle el tejado me preguntaba: ¿La Iglesia tiene tejado, tiene techo? No, no tiene. Se suele usar la expresión: “hemos tocado techo” cuando nuestra actividad o nuestra organización ha alcanzado el límite, ya no crece más, ya no puede continuar. La Iglesia nunca toca techo porque nuestro techo es el cielo, allí donde está Jesús. No tenemos meta más pequeña que esta. Jesús dice en el Evangelio “Id al mundo entero”. No fija límites geográficos, raciales ni culturales. Esto lo entendieron muy bien los misioneros que iban a América, o San Francisco Javier cuando viajaba a China. Cuando un grupo cristiano, una comunidad piensa: “ya estamos los que teníamos que estar” es que algo no funciona. Es consustancial a la Iglesia crecer y si no crecemos es porque algo no hacemos bien.

Esta semana en Londres he vuelto a escuchar al James Mallon poniendo como ejemplo de una Iglesia de mantenimiento, no misionera, a los que se salvaron en el Titánic en botes medio vacíos mientras veían como una multitud se ahogaba. No tomemos el ejemplo como que nosotros nos salvamos y los demás se condenan sin remedio. El ejemplo es para nosotros, los que estamos en la barca, para que despertemos a la MISIÓN a dejemos de ser sólo discípulos y pasemos a ser discípulos-misioneros. Hay tantos náufragos, tantos que sobreviven sin conocer el Amor de Dios. Nosotros que estamos VIVOS porque lo conocemos no podemos dejarles ahí.

Lo tercero que la Palabra me sugiere este domingo es la experiencia de la presencia de Jesús en la misión. Dice el Evangelio que salieron a predicar y el Señor confirmaba con los signos que realizaban la palabra. San Pablo decía que él no iba con persuasivos discursos sino en la manifestación del Poder del Espíritu Santo. El que es discípulo misionero experimenta la presencia de Jesús Vivo al ver como el Espíritu Santo obra en la vida de los demás. No sólo lo comprueba en la suya propia sino en la de los compañeros de viaje. Es alucinante ser testigo de una conversión, cuando uno que no conoce a Jesús se encuentra con Él y empieza a amarlo. Es uno de los mayores milagros que puedes ver. Es algo maravilloso y los que no son misioneros se lo pierden.

Yo contemplo la Misión que queda por delante y no me agobio, no me quejo. Da vértigo la verdad pero el Señor sabe lo que hace, esta es su obra. Me siento agradecido porque cuenta conmigo. Me siento muy pequeño, pero eso no es problema porque vendrá la fuerza de lo alto. Te esperamos Espíritu Santo. Feliz fin de semana y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.