SEMANA TERCERA PASCUA CICLO B DOMINGO

Puestas las primeras piedras de la construcción en el hecho de ser enviados, seguimos levantando el edificio. Una comunidad cristiana no puede edificarse sin la Palabra de Dios. La Palabra de Dios no es una asignatura que tenemos que estudiar para obtener un título ni un tema de las oposiciones. No es simple formación, que también, sino una relación viva y tierna con la Sagrada Escritura. Alguna vez me habéis oído hablar de la envidia sana de los hermanos protestantes y su conocimiento y uso de la Palabra. Recuerdo mi primera parroquia. Di un curso bíblico a las mayores y fue impresionante cómo se enamoraron de la Palabra. Eran capaces de compartir en la Misa de la tarde lo que en la oración habían descubierto ese día con la lectura de la Palabra. Dice San Juan en la segunda lectura que amamos al Señor si guardamos su Palabra. Ese guardar me recuerda a María que guardaba y meditaba la Palabra, la que escucha y cumple la Palabra.

En el Evangelio de hoy y en la lectura de Hechos aparece la problemática de la primera comunidad de “encajar” la cruz en los planes de Dios. La muerte de Jesús fue algo tan escandaloso e ignominioso que les descolocaba totalmente. Escrutaron la Escritura y encontraron el salmo 21, los poemas del Siervo en Isaías y otros pasajes donde “estaba escrito que el Mesías tenía que padecer”. Hicieron una relectura de los acontecimientos desde la Palabra de Dios. Miraron lo que había pasado con la mirada de Dios. Comprendieron lo que Dios quería decirles con lo que había sucedido. Es lo que se llama hacer una lectura creyente de la realidad. Partiendo de la vida, iluminamos la vida con la Palabra de Dios, para volver a la vida de nuevo. Es lo que hacemos en la Lectio Divina: Escuchar, contemplar, orar, actuar. Cuando nos preguntamos: ¿Qué me dice de Dios este texto? ¿Qué me dice para mi vida? Es lo que trato de compartir cada día como fruto de mi oración. Es lo que se nos propone desde los Grupos de Vida de Acción Católica. Mirar la realidad, lo que nos sucede desde una óptica contemplativa, para descubrir con la Palabra de Dios “lo que tenemos que hacer” como creyentes ante esa realidad.

El Papa en la exhortación Gaudete et exultate habla la tentación de convertir la experiencia cristiana en un conjunto de elucubraciones mentales que terminan alejándonos de la frescura del Evangelio. Y en el apartado dedicado al discernimiento nos dice: “Hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas. Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor, porque no basta que todo vaya bien, que todo esté tranquilo. Dios puede estar ofreciendo algo más, y en nuestra distracción cómoda no lo reconocemos” (n. 171).  Os animo a leer este documento sencillo y profundo a la vez. Y a mis feligreses animo a acoger los grupos de vida de Acción Católica como un instrumento que nos va a ayudar a ser discípulos desde la vida compartida a la luz de la Palabra. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.