SEMANA VIGÉSIMO TERCERA TO MARTES

Debía ser alucinante poder escuchar a Jesús y dejarse tocar por él. En Jesús, como dice San Pablo, habitaba la plenitud de la Divinidad corporalmente. Tocar a Jesús era tocar el cielo, entrar en contacto directo con la Gloria de Dios, con su amor infinito, lo que tanto anhelamos. Salvando las distancias, nosotros también tocamos a Jesús hoy. Lo tocamos cuando el Espíritu Santo nos da “su toque” y experimentamos el encuentro con Jesús vivo. Lo tocamos a través de los sacramentos cuando comemos su cuerpo, somos ungidos con el óleo, se nos imponen las manos… Somos tocados cuando un hermano ora por nosotros y no toca. Y lo tocamos cuando besamos y abrazamos a los pobres. Y seguro que vosotros descubrís más formas de tocar a Jesús. Sigamos buscando en Él y sólo en Él esa fuerza que lo cura todo. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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