CORPUS CHRISTI

Ayer celebrábamos un bautizo en la Eucaristía de la tarde. Había muchos niños lo cual es una alegría ver tanta vida pequeña. También había adultos que no conocemos y que por la forma de comportarse no deben de ir a Misa. Estaban hablando como si lo que allí sucediera no fuera con ellos. Creo que no se quedaron en la plaza porque hacía mejor temperatura dentro del templo. Mientras sucedía esto yo pensaba: ¿Es que no les dice nada todo esto? ¿Hicieron estos la Primera Comunión? Estaban allí como si yo voy a un partido de tenis, sin enterarme de nada. Se leyó una Secuencia nueva que recogía unos versos que hablan de que no echemos a los perros el pan de los hijos. Puede parecer duro lo que voy a decir pero podemos llevar muchos años echando a los perros el pan de los hijos. Iniciamos a la Eucaristía a niños que con 10 años ya han perdido toda sensibilidad espiritual porque viven en familias en las que no hay experiencia de Dios. La experiencia de ayer, después de una Asamblea Diocesana sobre el proyecto pastoral diocesano “El sueño de llegar a todos”, me reafirma en que no podemos dejar las cosas como están. La Eucaristía es el culmen de la vida cristiana. Es verdad que no es el alimento de los perfectos, pero sí el de los que quieran salir de Egipto para adentrarse en el Éxodo acompañados por Dios.

 

Esto me reafirma en la tarea que tenemos por delante de ayudar a tanto que no se sienten parte de nuestra mesa a invitarlos en los cruces de los caminos porque la mesa está servida, caliente el pan y envejecido el vino. Que tienen un puesto en la mesa y que merece la pena dejar lo que están haciendo, sus planes, sus ocupaciones y hobbies para participar del banquete. Ayudarles a darse cuenta de que sin este pan de los ángeles están muertos. Viven como zombis sin corazón y con una capacidad de amar y relacionarse muy limitada. Que pueden llegar, por medio de la comunión Eucarística a experimentar que Jesús habita en ellos y ellos en él. Que pueden llegar a experimentar una íntima comunión con Dios que no puede compararse a nada. Soy muy ecuménico y amo a los hermanos de otras denominaciones cristianas. No sabemos lo que tenemos los católicos. Los otros cristianos viven una relación con Dios por otros medios pero no se alimentan como nosotros del Cuerpo de Cristo. Salimos hoy a ser testigos de esta presencia escondida de Jesús en la Eucaristía y a expresarle nuestro amor y nuestra adoración con la esperanza de contagiar a alguno que nos vea. Feliz día del Corpus y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

 

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