SEMANA TERCERA CUARESMA CICLO C DOMINGO

¿De qué tenemos sed? Es la gran pregunta de este domingo. El Pueblo de Israel tenía sed en el desierto, la samaritana iba a por agua al pozo para apagar su sed. Pero la Palabra nos habla de otra sed más profunda, es la necesidad más importante y que más polariza todas nuestras energías, es la necesidad de amar y ser amados. Hemos sido creados para amar, personas para amar, imagen y semejanza de Dios. Nos cuesta reconocernos sedientos de amor. Preferimos mostrarnos sobrados y autosuficientes. Y somos radicalmente necesitados de amor porque nadie y por supuesto nada puede colmar esa sed. Tenemos que aprender a vivir con ese “hueco” en el alma. Pero los que hemos conocido a Jesús tenemos la “suerte” de haber descubierto que Él y sólo Él puede saciar esa sed. Pero no la sacia de una vez y para siempre. En esta vida no es posible. Necesitamos constantemente acudir al pozo, a la fuente a beber de su amor. El Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones y vivimos en la Esperanza de la Gloria futura que todavía no es . Por eso necesitamos cada domingo volver a la Eucaristía.

En la conversación con la samaritana Jesús ayuda con delicadeza a esta mujer a reconocer su verdad. Ella era una mujer con una sed grande amor que no había sido gestionada de forma adecuada. Había tenido seis relaciones con la de entonces. Este domingo es buen momento para empezar a preparar nuestra confesión cuaresmal. Y en ella abrirnos, desnudarnos y mostrarnos tal y como somos. Vamos por la vida mostrando un falso yo y esto nos hiere mucho. Al confesarnos tenemos la oportunidad de mostrar nuestra verdad, nuestro yo más auténtico. Qué pena que tantos católicos se hayan dejado de celebrar este sacramento porque no tienen por qué contarle sus pecados a un sacerdote. Esta decisión es poco inteligente al desaprovechar la ocasión para reconocer la propia miseria y heridas ante otro que nos escucha con misericordia. No hay verdadera reconciliación sin asumir la verdad. Cuando nos “confesamos con nosotros mismos” nos engañamos y unas veces no admitimos la responsabilidad de nuestro pecado o nos culpabilizamos injustamente.

Pare terminar un toque de misión. La samaritana corre a contar lo que le ha pasado, su encuentro con Jesús, y aunque no tiene muy claro todavía quién es Jesús ella ayuda a que otros lo conozcan y lo reconozcan como el Salvador del Mundo. Nosotros bebemos del amor de Dios y no sé si nos damos cuenta de que la mayoría de las personas que viven en nuestras ciudades y pueblos no beben. Andan sedientos y hambrientos, se mueren. ¿Les ofrecemos beber del amor de Dios? Si no les ofrecemos es que no estamos bebiendo. Jesús dice que el que bebe de su agua viva se convierte en un surtidor. No nos cansemos de invitar, de invitar a todos sin dejar fuera a nadie. Jesús rompía barreras, hablaba con un samaritano que además era una mujer. No olvidemos la Misión apasionante que tenemos por delante. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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